Invitado para participar en una charla-taller sobre podcasting y webs de arquitectura dentro del marco de la 8ª edición de la Semana Cultural de la ETSA Sevilla, bajo el lema “ Espacio Protegido”, cuyo objetivo es “dar voz a aquellas arquitecturas y reflexiones, que siendo muy interesantes no tienen una dimensión-difusión pública, como la arquitectura de los Jóvenes arquitectos, de la mujer, la nueva arquitectura portuguesa, la arquitectura latinoamericana, la formación de los Arquitectos o las reflexiones sobre el paisaje y la ciudad desde un punto de vista abierto e interdisciplinar”.
Hace unos meses hablaba acerca de la importancia que tiene una decisión tan trivial aparentemente como es la elección de nuestro software. En aquélla ocasión hacía una llamada a la toma de conciencia, a tener un criterio propio y a no dejarnos llevar por tendencias o modas, esta vez hablaré de un caso práctico. Seguramente una de las decisiones en cuanto a software se refiere que más va a condicionar nuestro futuro y sin embargo es a la que menos tiempo le dedicamos es la elección de un sistema operativo.

La arquitectura siempre tiene lugar, pero también tiene tiempo. Sociedad y arquitectura han sido siempre un binomio indivisible: no se puede entender la arquitectura de un momento sin entender su sociedad, y la arquitectura, a su vez, nos habla de cómo fue esta. De esta manera, la civilización griega nos legó parte de su avanzada cultura en forma de templos, foros y palacios, mientras que la expansión de Roma mucho debió a la creación de sus calzadas e infraestructuras.
Los proyectos de arquitectura suelen desarrollarse en periodos largos de tiempo y generan un gran número de archivos y directorios. Si no hemos sido rigurosos y ordenados, la tarea aparentemente trivial de recuperar un plano concreto desarrollado hace unos meses o unos años (una situación bastante cotidiana en la profesión) puede convertirse en una auténtica odisea que puede desembocar en graves errores.
Mantener un orden de archivos y seguir un patrón al darles nombre que nos permita saber en todo momento y de manera rápida qué es lo que contienen cobran una importancia vial.
Este artículo se centrará en dar unos criterios para crear un código propio para nombrar los archivos de manera eficiente que nos permita saber el tipo de información que contiene, su versión, el proyecto al que pertenecen…
Una de las preguntas más importantes que deberíamos hacernos como profesionales es la elección del software que vamos a utilizar en el desempeño de nuestra profesión. Sin embargo la experiencia dice que esta pregunta es casi siempre obviada y se acaba utilizando el programa que hemos aprendido a usar o el que usa la mayoría de gente, sin plantearnos si realmente es el que mejor se ajusta a nuestras necesidades. Y es que nos enfrentamos a dos grandes lastres: por un lado el del mercado, que impone sus propias reglas pensando únicamente en el propio beneficio, y por el otro tenemos la enseñanza que se da en las facultades, que se suele limitar a enseñar un solo programa (dos a lo sumo) cuya elección también responde en gran parte al mercado.
Siempre he pensado en cual sería el primer post que pondría si abriese un blog… pues bien, he abierto un blog y todavía no se como inaugurarlo, así que de momento dejo esta entrada y ya la editaré cuando se me ocurra algo digno de ser el primer escrito.