El pasado martes 30 de enero de 2018 tuvo lugar uno de los días más especiales de mi vida: defendía mi tesis doctoral, marcando de este modo el fin de una etapa y, a la vez, el inicio de una nueva. Digo que fue especial no tanto porque sea uno de los mayores hitos dentro del mundo académico, sino porque tenía la oportunidad de contar la investigación a la que he dedicado los últimos 5 años (sobre todo por las noches y en vacaciones) ante un tribunal que, así se hizo evidente enseguida, había leído con detenimiento las más de 400 páginas en las que explico el proceso y los resultados obtenidos, y ante una audiencia inmejorable: rodeado de familiares, amigos, compañeros de trabajo e, incluso, alguna cara desconocida1.
Quienes me conozcan o lean con cierta regularidad sabrán que desde hace unos meses inicié la aventura de matricularme en el Máster Universitario en Sociedad de la Información y el Conocimiento que imparte la Universitat Oberta de Catalunya. A día de hoy me encuentro en la recta final del curso y estoy preparando el Trabjo Final de Máster que además de llevarme a la obtención de un título muy deseado (y sufrido), espero que me sirva para tratar de responder una de las dudas que tenía cuando escribí acerca de los motivos que me llevaron a tomar la decisión (¿tiene algo que ver este máster con mis estudios, mi profesión y una de mis pasiones -la arquitectura?
El otro día, en el máster de Sociedad de la Información, una compañera hablaba de que Internet, y concretamente el hipertexto, ha cambiado nuestra forma de leer, ahora leemos mucho más pero por otro lado la lectura es constantemente interrumpida, asincopada y no lineal. También se preguntaba cuanto hacía que no leemos algún texto de principio a fin de carrerilla.
Lo cierto es que me sentí muy indentificado con el tema.